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miércoles, 29 de junio de 2011

BREVE NARRACION FICTICIA.

            Entre aplausos y felicitaciones, le fueron abriendo paso al candidato Francisco I. Madero, la gente emocionada gritaba porras y vivas a la patria y a la Libertad y sobre todo consignas en contra del gobierno. 
         Era el preámbulo que engalanaba la participación del Candidato del Partido Antirreleccionista, quien con paso firme llego hasta el entarimado y con voz fuerte y firme se dirigió hacia ese publico que apretado, esperaba con ansia sus palabras.
          “¡Compatriotas!, hoy nos encontramos aquí reunidos para hacerle saber al mal gobierno que no estamos de acuerdo en la forma en que dirige el país, donde cada día existen mas pobres, mientras esos voraces caciques siguen llenando los bolsillos de dinero a costa de la sangre y sudor de el pueblo, es tiempo de que sepan que existimos y que tenemos derecho a una mejor vida.
         Es por eso que hoy, siendo las 9 horas con veinte minutos del día martes 20 de Noviembre de 1910, con su apoyo incondicional vamos a decidir el nuevo rumbo de nuestro país, diremos ¡BASTA!  a todas las arbitrariedades del Dictador Díaz.”
         Aún recuerdo como si fuera ayer me decía mi abuelo Plutarco, que tenia pasaditos de los 100 años y sus ojos aún brillaban cuando recordaba ese momento.
     Lo único que nublaba sus ojos era cuando recordaba cómo vivía con sus padres, cuando era presidente el General Porfirio Díaz, -¡el mendigo ese!- decía y su voz retumbaba por toda la casa, -entonces cuando todo parecía estar peor-, decía mi abuelo, apareció Madero, que era muy querido por la gente, porque siempre fue muy bueno y compasivo, y aunque era gente de dinero, siempre procuró que sus trabadores tuvieran servicio médico y buenas chozas donde vivir, -¡era un santo!, suspiraba el abuelo.
Y lo mejor de todo, decía mi abuelo, es que quería cambiar el país: -¡exigió que Díaz respetara la decisión del pueblo, que no volviera a ser presidente del país!
     Dos lagrimas  caían a sus mejillas cuando recordaba a su padre, que se había ido a plantar frente Palacio de Gobierno para que Madero fuera liberado y se presentara a las elecciones, -¡Pero ese tramposo de Díaz no lo soltó!, y mando a sus policías a desaparecer a la gente que peleaba por Madero- decía el abuelo.

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